Todo el té en China: el impacto político del té (2)

26 octubre 2009

En 1618, embajadores chinos ofrecieron docenas de cajones de embalaje de té al Czar Alexis como regalo; él lo rechazó como inútil. Pero en 1735, la Emperatriz Catherine de Rusia había autorizado el té para comerciar. Más de trescientos camellos viajaron 11.000 millas durante dieciséis meses para cumplir su primer encargo. Rápidamente, los rusos adoptaron la “olla caliente” al estilo tibetano para hacer su té: lo que hoy en día conocemos cono el Samovar Ruso. Para el año 1900, los primeros ferrocarriles TransSiberianos entraron en operación, causando que el té se convirtiese en un producto barato y accesible a las masas. Rápidamente, los rusos normales adquirieron la costumbre de beber té con limón y un pedazo de azúcar pegado en sus dientes. Hoy en día, el té y el vodka es la bebida nacional de los rusos.

Todo el té en China: el impacto político del té 3

Inglaterra fue el último país europeo en empezar a usar rutas de comercio marítimas para buscar té. En 1600, Isabel I fundó la Compañía John para expediciones de comercio. En 1773, La Compañía John se fusionó con la próspera Compañía de British East India, creando el monopolio más poderoso que ha existido en el mundo. En Inglaterra, tanto los nobles como la gente normal bebía té; en 1654, el té chino había sustituido de forma definitiva a la cerveza como la bebida Británica más popular.

De hecho, el té influyó a la sociedad británica de tal forma que las normas dietéticas Inglesas cambiaron. El desayuno y la cena – dos comidas tradicionales y pesadas – añadieron té a su menú, mientras que la cena se convirtió en dos tipos de servir té por la tarde: té alto y té bajo. El té alto se servía a media tarde mientras que el té bajo se servía al mediodía. El té alto representaba una comida más pesada, el cual incluía carne, normalmente para la clase obrera, mientras que el té bajo implicaba golosinas gastronómicas, tartas y dulces, con un énfasis en la presentación y conversación entre las clases más altas de la sociedad.

Los jardines de té (y los posteriores bailes de té) se convirtieron en el furor en Europa y América. Señoras y Caballeros llevaban su té fuera, escuchaban bandas de música y socializaban. Dicho benévolo ambiente ofreció la primera oportunidad para que mujeres y hombres ingleses se asociasen libremente juntos en público, así como permitió a que gente de varias clases sociales se mezclasen y comunicasen entre sí.

El sistema de propina también evolucionó de estos jardines: al lado del puesto de camareros había una caja de madera con la palabra PROPINA inscrita en ella. Los invitados meterían una moneda en la caja cuando entraban para “asegurar un servicio rápido” – los camareros correrían desde las cocinas a los jardines con tazones calientes de té fresco cuando alguien metía una moneda en la caja.

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Los colonizadores ingleses conocieron el té en 1670. El té fue traído a América por el Gobernador Peter Stuyvesant y ganó una gran popularidad en el asentamiento holandés de Nuevo Amsterdam (Nueva York). En 1720, los americanos estaban trayendo el té chino a las colonias por contrabando y también aprendiendo del té herbal de los Americanos Nativos porque el té británico era muy caro y tenía un impuesto muy elevado.

Inglaterra no se podía permitir seguir pagando por el té con oro y plata. Sacar cantidades tan grandes fuera del país llevaría al país a la bancarrota. Por lo tanto, las Guerras del Opio empezaron con la declaración por parte de Inglaterra de que estaba “listo para ir a la guerra por el intercambio gratuito” – o – “ir a la guerra por el derecho de vender opio barato a los chinos a cambio de té”. Desde 1840 hasta 1908, los ingleses tuvieron la fuerza militar para forzar su opio sobre los chinos e intentar seguir dominando el mercado mundial de intercambiar té.

No obstante, los británicos se tropezaron con problemas al intentar intimidar a China mientras controlaba e imponía impuestos sobre los suministros de té en el Nuevo Mundo. En 1773, un grupo de colonizadores americanos protestando en contra de los impuestos sobre el té por Gran Bretaña, abordaron el buque de la Compañía British East India y vertieron el cargo del té al puerto. Este Boston Tea party fue el comienzo de la Independencia de EEUU de Gran Bretaña y es la razón por la que en la actualidad no se impone impuestos al té en Estados Unidos.

Más aún, en 1800, tres americanos se convirtieron en los primeros millonarios del continente mediante el intercambio del té chino. Su éxito también sirvió para romper el monopolio que los ingleses tenían sobre el té. T.H. Perkins de Boston, Stephen Girard de Filadelfia y John Jacob Astor de Nueva York empezaron a comerciar directamente con China después de la Revolución Americana de 1789. Los barcos clíper de América, más nuevos y más rápidos, sobrepasaban a la flota inglesa. Es gracias a estos hombres que ellos pagaron por el té con oro en vez de con opio. Pierce fundó la Compañía de Té Great American, la cual se convirtió en la Compañía de té Great Atlantic and Pacific, que aún existe en la actualidad como la cadena de supermercados moderna A&P.

En 1834, el Primer Ministro Grey terminó con el monopolio del té inglés que disfrutaba la Compañía East India. Asimismo, él es conocido por un té con sabor a aceite de bergamota que fue nombrado después de él.

Todo el té en China: el impacto político del té 5

En 1834, después de la guerra, Robert Fortune, botánico y aventurero Escocés que hablaba chino, entró en China y sacó algunas semillas de té. Con ayuda de los ingleses, plantaciones de té brotaron en el subcontinente Indio. Para finales de 1880, se habían obtenido y perdido muchas fortunas mientras se perfeccionaba la cultivación del té en India.

Durante todo el siglo diecinueve, los ingleses establecieron plantaciones de té en la India, Sri Lanka y Burma, mientras que Alemania lo hizo en el Este de África. Finalmente, China había perdido su soberanía del té.

Hoy, después del agua, el té es la bebida que más se bebe en el mundo. Actualmente, se crece en África, India y otras partes de Asia. En la actualidad, Irlanda tiene el consumo de té per capita más alto en el mundo, mientras que la China moderna está experimentando un aumento en té instantáneo comercial de calidad inferior entre los jóvenes que declaran que ya no tienen tiempo para preparar té. El té chino sigue estando en gran estima por todo el mundo. De hecho, la lección de cómo una hierba china ha influenciado profundamente al comercio mundial merece ser examinado, especialmente ahora que China ha asumido su posición en el mercado comercial internacional.


Todo el té en China: el impacto político del té (1)

25 octubre 2009

Indiscutiblemente, China es la patria del té y del arte de beber té. Referencias sobre el té chino se remontan a 5.000 años, incluyendo a la leyenda colorida de una flor de camelia salvajecayendo en el agua hervida del Emperador Shen Nung. Irónicamente, el poder extraordinario de los emperadores chinos no se puede comparar con la influencia política y económica del sencillo arbusto de Camila sinensis, mejor conocido como el mundo del té chino.

En la China antigua, durante la dinastía Tang (618-907), los chinos usaban el té como una bebida medicinal, el cual se solía mezclar con cebolla, naranja, jengibre y otras especies. La mayoría de las personas no podían permitirse el té y se solía usar como regalos y tributo para el emperador.

En el año 700, se promulgó el primer impuesto sobre té y Lu Yu, un extraordinario huérfano, escribió el primer libro definitivo sobre té. Criado por estudiosos monjes Zen, Lu dedicó su vida a la búsqueda de clásicos literarios y poesía en la tradición confuciana. Su libro sobre el té se ganó el patrocinio del Emperador. Más tarde, otros monjes budistas Zen llevaron su estilo de servir té a Japón, donde evolucionó en una forma de arte japonesa exquisita que aún se realiza en la actualidad.

Durante la dinastía Song (960 – 1279), aparecieron las casas de té con sus elegantes tazas de té de porcelana. Los Chinos molían su té en polvo y lo batían en una espuma fina. Creando recipientes de té se convirtió en una forma de arte con los tazones de té siendo más hondos y anchos para ayudar al batir. El té tenía un color verde claro, por lo que los artistas diseñaron tazones negros y azules para realzar el color de la bebida. Casas de té, té perfumado, competiciones de saborear té, así como acontecimientos de té se convirtieron en el furor entre las clases más altas.

A principios del año 1200, los mongoles invadieron China, marcando el comienzo de la dinastía Yuan que duró hasta 1368. Estos Mongoles no prestaron demasiada atención a servir el té, pero adoptaron la costumbre de añadir sal a su té y mezclarlo con leche; hoy en día siguen tomando el té de esta forma. Bajo los mongoles, las casas de té continuaron siendo famosos lugares donde se reunían estudiosos y poetas.

La elegante dinastía Ming (1368 – 1644) atestiguó el desarrollo de diferentes formas para procesar el té. Secando el té a mano en grandes calderones a diferentes temperaturas y durante diferentes periodos de tiempo transformó el té verde en bebidas completamente diferentes: versiones del té negro y oolong. Flores de té perfumadas también ganaron popularidad entre todas las clases. Remojando hojas de té enteras en vez de convertirlas en polvo se convirtió en el furor. Fue durante este tiempo que los europeos descubrieron el té chino.

Entre los europeos, el portugués Jesuit Father Jasper de Cru fue el primero que se tropezó personalmente con el té y escribió sobre él in 1560. En 1589, otros europeos leyeron sobre té cuando Gaimbattista Ramusio, autor Veneciano y Secretario del Consejo Veneciano de Ren, atribuyó la longevidad Asiática a beber el té. Años más tarde, en 1597, el té es mencionado por primera vez en la traducción inglesa de los viajes del navegador holandés Jan Hugo van Linschooten´s, donde él llama al té chaa.

Finalmente, en 1610, los comerciantes holandeses trajeron el té verde de China y lo vendieron como una bebida medicinal exótica. Con un precio de más de cien dólares por libra, sólo los ricos podían permitírselo, los cuales lo compraban con las elegantes porcelanas de té China. Para 1662, cuando Carlos II se casó con Catherine Braganza de Portugal, una amante del té, el té había ganado tanta popularidad que el consumo de alcohol en Inglaterra disminuyó considerablemente.

Los portugueses fueron los primeros europeos que negociaron el té comercialmente. Ellos llevaron su cargo a Lisboa, y de allí a Francia, Holanda y otros países Bálticos. En aquel entonces, Portugal estaba afiliada con Holanda; el té ganó popularidad entre los holandeses. Para 1675, el precio del té había disminuido y era considerado como una bebida normal. Muchos bebedores lo mezclaban con azúcar y jengibre.

Curiosamente, el té nunca tuvo éxito con los franceses. Después de unos 50 años, los franceses siguieron popularizando el vino, chocolate y café. Por toda Europa, el té se servía en casas de café (el café llegó antes que el té) llamadas “universidades peniques” – porque un pobre estudiante podía comprar una tetera de té por un penique y pasar un día entero conversando con otros estudiosos.


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